Capítulo 6



CAPÍTULO 6



LOS ROMANOS




EL DERECHO ROMANO



6.1 Los romanos no avanzaron prácticamente nada en el terreno de las ideas con respecto a los griegos. Algunos pocos romanos fueron muy estudiosos de la filosofía griega, y era normal que los hijos de las clases altas estudiaran griego y la filosofía griega. Pero no dieron ni un paso adelante. Esto es debido al caracter romano, muy diferente al griego: los romanos eran una sociedad belicosa, cruel, guerrera y muy severa. Los esclavos no eran más que bienes que hablan, apenas un grado más elevado que los animales domésticos. Los condenados a galeras , por ejemplo, iban encadenados a los remos, asi que en caso de que el barco en una batalla o un accidente marítimo, se incendiara o se hundiera, los esclavos irremediablemente fenecían. Asi pues los remeros apenas duraban unos pocos años.

6.3 En un principio Roma fue apenas una ciudad que luchaba y competía contra  otras ciudades para conquistar la penísula itálica. Si lo logró y conquistó un imperio, fue por su crueldad y su arte militar. Quizás en esto último consiguieron algún logro, como perfeccionar algo la catapulta que ya había sido inventada unos cuantos siglos antes, o construir torres de asalto o arietes. Posiblemente también mejoraran la estrategia militar. Pero en lo que si innovaron los romanos fue en el tema de Derecho, hasta tal punto que aún hoy torturan a los futuros jueces y abogados con el tal Derecho Romano.

6.4 Una de las más poderosas influencias en el pensamiento político y legal y las instituciones del occidente cristiano durante la Edad Media fue la ley romana, derivada de la República y el Imperio de la antigua Roma. La ley romana se desarrolló entre el primer y tercer siglos de nuestra era. El derecho privado desarrolló el concepto del derecho absoluto de la propiedad privada y de la libertad de comercio y contrato. Mientras el derecho público romano teóricamente permitió la interferencia estatal en la vida de los ciudadanos, en la realidad hubo muy poca interferencia en los últimos años de la República y en los primeros del Imperio (según la versión de Rothbard). Los derechos de la propiedad privada y el laissez-faire fueron la herencia fundamental del Derecho Romano para los siglos siguientes y la mayoría de ellos fueron adoptados por los países de la cristiandad occidental. Cuando el Imperio colapsó en los siglos IV y V, su herencia legal continuó encuadradas en dos grandes colecciones del Derecho Romano: en el oeste, el código tedosiano promulgado por el emperador Teodosio en el año 438, y en el este los cuatro grandes volúmenes del Corpus Juris Civilis, promulgado por el emperador cristiano bizantino Justiniano en el año 530.

6.5 Las dos colecciones enfatizaron fuertemente que el precio justo (justum pretium) era simplemente cualquier precio al que comprador y vendedor llegaban mediante una negociación libre y voluntaria. Cada persona tiene el derecho a hacer lo que desea con su propiedad y, por lo tanto, el derecho de hacer contratos, comprar o vender; por lo tanto, cualquier precio al que se llegue libremente entre las partes es el precio de la operación. Así. en el Corpus. varios juristas líderes romanos del tercer siglo citaron al jurista de principios del segundo siglo Pomponio en una expresión clásica del laissez-faire: “Al comprar y vender la ley natural permite a una parte comprar por menos y a la otra vender por más del valor verdadero; así que a cada parte le es permitido engañar a la otra” ... El único problema es aquí “el valor de la cosa”, que presupone que hay otro valor además de la simple negociación y que expresa algún valor verdadero, una expresión que probará ser un infortunado presagio para el futuro. El contrato de compra-venta sólo puede ser anulado en caso de que una de las partes sea menor de edad, en caso de fraude y cuando es forzado. El desconocimiento del valor de la mercancía no es causa de rescisión del contrato. Todos estos preceptos legales pasaron, vía código de Teodosio, al derecho visigodo por un lado, y al derecho bávaro por otro. El aspecto del laissez-faire del código teodosiano fue incorporado al canon cristiano en la colección de las capitulaciones de San Benedicto Diácono en el siglo IX. A partir del 395 el Imperio Romano se divide en dos, y en el este, aunque se mantiene en general el mismo código legal, en este tema al menos se crea una diferencia: el código justiniano consideraba que si el precio pactado en el contrato de compra-venta fuera inferior a la mitad del precio justo, entonces el vendedor sufre una gran pérdida (laesio enormis) y debe ser indemnizado por la diferencia o recuperar lo vendido. Dicho de otro modo, si el vendedor era ignorante del precio justo, el contrato no era válido.

6.6  En el punto 6.3 aseguré, siguiendo a Rothbard, que la intervención estatal fue mínima. Desde el punto de vista moderno se puede asegurar que si. Pero también es cierto que, en los últimos siglos del imperio occidental, la inflación se aceleró (parece que los historiadores tienen registros de los precios del trigo durante los últimos 3 ó 4 siglos), y se asegura que el emperador intentó establecer controles de precios, que como todos las medidas de este tipo, resultaron totalmente inoperantes e inútiles (los comerciantes se limitaban a no sacar a la venta su harina durante el día y venderla por la noche de tapadillo). Pero establecer cuan intervencionista era el estado es una estupidez, ya que entonces no se discutía ese tipo de cosas como hoy en día se hace. Lo cual demuestra dos cosas: si hubo intervención estatal cuando las cosas se ponían realmente feas; y dos, los controles de precios nunca sirvieron para nada.

6.7 Este libro pretende conectar un poco, en la medida de lo posible y sin ser historiador,  con la historia económica. Con ello sigo las últimas tendencias. Tan solo poner algunas palabras sobre la caída del Imperio Romano de Occidente. En el año 452 los hunos, comandados por Atila invadieron la península itálica. Pero también hay que decir una cosa: los hunos derrotaron previamente a los ostrogodos (año 370) y a los visigodos (376). En el año 432 atacaron el imperio romano de oriente y se retiraron tras obtener un impuesto anual. Los hunos no sólo derrotaron a todas las tropas imperiales romanas que se les pusieron por delante, sino que además y previamente habían derrotado a todos los pueblos eslavos y germánicos que se les interponían en su camino a Roma y Bizancio (o Constantinopla). En mi opinión se debe hablar de una crisis más general, ya que no solo los romanos se hundieron en la holgazanería militar, sino también todos los pueblos que les rodeaban. Para más inri, desde el siglo II se produjo un menor reclutamiento de romanos, así que los ejércitos imperiales se nutrían de pueblos bárbaros, principalmente germanos. De chicos nos contaban esas historias de que fueron los pueblos germánicos los que causaron la ruina del imperio romano, pero en realidad hay que mirar para otro lado. Además los hunos se contentaban con llegar, conquistar, imponer impuestos y retirase, todo esto sin destrozar las infraestructuras existentes. Otras causas que se han propuesto son:

- el envilecimiento de la moneda y la consiguiente inflación (enlace). En Egipto, por aquel entonces colonia romana y principal suministro de trigo del Imperio, el precio de este cereal se triplicó en los siglos I y II, y sólo en el siglo III aumentó cien mil veces. Debido a las dificultades de recaudar impuestos, y a la insuficiente producción de las minas de oro y plata, los emperadores romanos pretendieron engañar al pueblo mezclando cobre y latón con oro y plata a la hora de fabricar las monedas, pero los vendedores exigían a los compradores mayores cantidades de monedas cuanto más envilecidas estuviesen. Esto llevó a que las transacciones entre las distintas provincias del imperio se redujesen, lo que presagia algunas características de la Edad Media. La seguridad en las rutas que antes había incrementado el tráfico comercial interprovincial, ya que en pocas semanas se podía trasladar cualquier mercancía de una provincia a otra, empezó a desaparecer por culpa de la inflación. La gente no se fiaba de las monedas de oro y plata cada vez más envilecidas, y prefería producir alimentos para el consumo propio y la venta en pequeños mercados locales, en los cuales no eran necesaria las monedas (trueque). Debido a la escasez de mano de obra, se sustituyó la producción de cereales para enviar  a mercados lejanos por la de vino y olivos. Tres cuartos de lo mismo pasó con los productos artesanos. Se producía localmente lo que se demandaba localmente, es más, los grandes terratenientes emplearon sus esclavos para producir en sus propias haciendas los productos artesanales que necesitaban y que antes, cuando vivían en las ciudades, les compraban a los artesanos de las ciudades, con lo cual ya ni siquiera tenían que ofrecer nada para el trueque. Se pasó del comercio próspero a la casi desaparición del mismo.  Además, debido al desmantelamiento de las grandes plantaciones de cereales por las dificultades del comercio, en los grandes latifundios se plantaban cáñamo y lino para suministrar materias primas para la confección de ropas. También hubo escasez de mano de obra y los cereales fueron sustituidos, como ya hemos dicho, por la vid y el olivo. Muchas tierras fueron abandonadas o dedicadas a la ganadería, en parte para solucionar el problema de la escasez de mano de obra, en parte para suministrar lana a la manufactura casera. Por otro lado, una parte de la población de las ciudades las abandonaban para irse al campo en busca de seguridad y alimentos a causa de que la inflación hacía insoportable la más mínima alimentación para importantes capas de la población. También numerosos aristócratas de las ciudades las abandonaron para irse a vivir a sus grandes latifundios, donde se convirtieron en el embrión de los futuros señores feudales. Estos se mostraron muy reacios a pagar los impuestos a la autoridad de Roma, con lo que se produjo una disminución de los ingresos del estado. Conforme el proceso de inflación avanzaba, el estado era cada vez más incapaz de recaudar a los grandes terratenientes y se cebaba en la gran masa de campesinado pobre. Las grandes ciudades abiertas de la antigüedad se convirtieron poco a poco en las pequeñas ciudades amuralladas de la Edad Media. La crisis fiscal del estado produjo que los pagos a los soldados se retrasaran cada vez más, y algunos de estos se dedicaron al pillaje, lo cual aumentaba la inseguridad en las rutas y reforzara el fenómeno de feudalización. Resumiendo, más que una caída, hubo un proceso de larga decadencia que ya empieza a manifestarse en algunos aspectos en el siglo II. Sin embargo, como la mayoría de los procesos económicos y sociales, este proceso no fue lineal, sino que hubo sus intentos de marcha atrás. En el siglo IV, algunos emperadores, seguramente conscientes del proceso de decadencia, tomaron algunas medidas para revertir la situación, e incluso lograron algunos éxitos parciales y momentáneos, pero seguramente el proceso ya era inexorable e imposible de darle la vuelta de 180 grados. Por último señalar que la supervivencia del Imperio romano de oriente o Imperio Bizantino durante más de 1.000 años (desde el 395 hasta el 1453), fue a causa de que las tierras de oriente eran mucho más ricas que las de occidente. Casi toda Europa central y occidental estaba entonces poblada de bosques, bosques que los europeos tardarían más de 1.000 años en destruir. Por el contrario, el valle del Nilo y la costa de Siria había sido el gran proveedor de trigo del imperio romano, y al quedar este en el imperio oriental, la situación en el este siguió siendo más o menos la misma. Las provincias orientales no sólo eran las más ricas de Imperio, sino también las más pobladas, y por ende tenían más recursos para defenderse de las invasiones bárbaras. Las provincias orientales tenían un excedente de producción de granos y productos manufacturados para exportar a las provincias occidentales, pero estas no tenían excedente que ofrecer a cambio, así que pagaban con su excedente de oro y plata (en lingotes o amonedado). Por último señalar que las provincias orientales, pese a ser las más ricas, no atrajeron tanto la codicia de los pueblos bárbaros como las occidentales. Las causas de este fenómenos todavía están en estudio y debate, pero parece ser que como las provincias orientales eran las más ricas y pobladas, también eran las más difíciles de conquistar. Los orientales pronto empezaron a construir murallas defensivas en sus ciudades y a aumentar más las tropas. Los primeros intentos de conquistar las provincias orientales sólo obtuvieron un resultado parcial, y por ejemplo, los hunos, tras imponer un impuesto anual, se retiraron para conquistar la Galia primero y la península itálica después.

- la ausencia de incentivos para invertir: la acumulación de dinero en los nuevos ricos no se hacía per se, sino para ascender en la escala social. Una vez alcanzada esta nueva posición, ya no sera necesario acumular más riquezas, así que se detendría la inversión.

Después hay otras tesis como las militaristas, las naturales, las raciales y culturales, la aparición del cristianismo, la del colapso, la del continuismo y la aparición del Islám. Pero la primera teoría es la que concuerda con más hechos conocidos y la que los explica mejor.

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